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 “Memorias de mis putas tristes (plagiando a Gabo)” es el título original del trabajo de Bethuel Alvarado  Malpica, ganador del I Concurso de Crónicas de Lima Norte organizado por la Cámara Peruana del Libro (CPL) en el marco de la II Feria del Libro de Lima Norte que se desarrolla en el Megaplaza Norte.

La ceremonia de premiación se llevó a cabo el día de ayer en la noche bajo el enorme toldo blanco de la Feria del Libro de Lima Norte, el jurado presidido por el escritor Daniel Alarcón fue elegido de entre 50 trabajos recibidos.

EL GANADOR


Bethuel Alvarado  Malpica es el joven periodista comeño ganador de este primer concurso, Bethuel Alvarado nace de las canteras del periodismo del Bausate y Meza, ha trabajado en la radio Medios y colaborado para "Extranjero", un medio alemán que difunde material latinoamericano en ese país.

Bethuel ejercita constantemente la pluma y sus trabajos pueden apreciarse en los dos blogs que mantiene: "Los ojos de Rodrigo" y "Los ojos de Judas", siendo el primero de carácter mas personal. Bethuel Alvarado expresó a Carabayllo.net su gran satisfacción por el galardón recibido, el trabajo, nos dice, "originalmente tenía 8,00 caracteres, asi que tuve que adecuarlo a los 2,000 que como máximo exigía el concurso".
   

GANADORES DEL CONCURSO


PRIMER LUGAR:          Bethuel Alvarado  Malpica con
                               “Memorias de mis putas tristes (plagiando a Gabo)”
SEGUNDO LUGAR:      Mario Béjar Apaza con
                               “Los Olivos”.
MENCION HONROSA:  Jorge Luís Urbano Malásquez con
                               “Un pasaje por el Terminal donde el bullicio no cesa”.


Artículo de Carlos Santana Aguilar



“Memorias de mis putas tristes (plagiando a Gabo)”
(Versión original)

Bethuel Alvarado  Malpica

 

“Nos vamos de aquí”. Lucha tiene 48 años y vende caramelos y cigarrillos en la calle Los Andes, en Independencia. La proliferación de negocios con luces de neón alrededor del Mega Plaza, han espantado a los parroquianos que normalmente cortejaban a las prostitutas que se ubicaban, en esa entonces, desolada calle. “Ya no hay ventas ni clientes. Quién va a venir a echarse una ‘canita al aire’ con tantos avisos luminosos y con tanta gente que camina apurada. No, es difícil seguir así. La mayoría de chicas se marcharon a otros lugares más solapas, y las pocas que quedan se resisten a mudarse porque han hecho buena ‘amistad’ con los propietarios de los hostales y si se van, pues esos locales cierran y hay mucha pena”, prosigue Lucha.

La calle Los Andes está ubicada entre el Mega Plaza y el Royal Plaza. Pertenece a la urbanización Industrial Panamericana Norte, que años atrás solo contaba con un negocio de venta de muebles, que a más tardar cerraba a las 6 de la tarde. Luego, el silencio y la poca luminosidad de la zona, se convertían en lugar perfecto para que las damas de la noche realicen su trabajo sin mayores sobresaltos. Lucha nos ausculta con desconfianza. “¿Usted es periodista, joven?” No, le respondo. “Ah ya, porque no me gustan los sapos, así tengan cartón universitario, usted disculpe la ‘tuteada’ joven. ¿Otro cigarrito?”.

Lucha tiene 4 hijos, un esposo alcohólico y fuertes dolores de espalda. Su día empieza a las 4.30 de la mañana, hora en que se dirige a la panadería El Buen Trigal, en Payet. Allí recoge tres bolsas de yute repletas de pan para repartirlas en diversas tiendas, haciendo un recorrido de 2 kilómetros diariamente. Luego hay que regresar a casa y preparar el desayuno. Tres de sus hijos van al colegio. Su esposo, (si a eso se le puede llamar así, nos confiesa), bebe alcohol todos los días desde hace 5 años y no se quiere ir de la casa. “El desgraciado sabe que en otro lado nadie le dará un plato de comida, pero aún así no para de molestar en casa. ¿Joven, desea una barra de halls?”.

Dos calles conforman Los Andes. La mayoría de establecimientos son hostales de mala muerte. Algunos ya cerraron porque la modernidad y el gentío que atraen los grandes centros comerciales ubicados a su alrededor, le han espantado la clientela y por consiguiente a las prostitutas. Otros propietarios están a punto de colapsar y algunos empiezan a cambiar de giro. Lucha sigue en su lucha. “Por mí que el Mega Plaza se vaya a otro lado. Antes de que lo construyeran, yo me ganaba mis buenos reales vendiendo mis galletas, chicles, cigarrillos, incluso hasta preservativos ofrecía. Sin embargo, ahora casi no vendo nada, pero ya me acostumbré a venir todas las noches, porque además aquí tengo mis mejores amigas. ¿Una galletita, joven?”. “El colmo, nos dice Lucha, ahora tenemos a la Reniec de vecino. Ya empezaron las largas colas, hasta hay gente que se amanece guardando sitio. Esto no tiene remedio, hasta de madrugada hay gente en el ‘barrio’. Joven me sobró un sanguchito”.

Hace frío y me quiero ir a casa. ¿Y qué pasa si ellas (prostitutas) se van?, le preguntó . “Pues que más queda joven, yo me voy con ellas”.