Defensa de la niñez
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No cabe duda de que la educación de los hijos y el establecer con ellos una relación adecuada no es una tarea fácil. La clave no está muchas veces en lo que se dice y explica, sino en el ejemplo que les dan, día a día, sus propios padres.

Es un hecho comprobado por la psicología de hoy, que los factores más radicales que intervienen en la educación se establecen en relación con la imitación del comportamiento de los padres, que es observado continuamente por los hijos, ya que les sirve de guía a la hora de ir estableciendo un modelo de identidad que dirige el progresivo desarrollo de su personalidad.

Naturalmente, el hijo es otra persona distinta que los padres y no va a imitarlas en todo, especialmente durante períodos más críticos de la vida, como son la juventud y la adolescencia, en que se manifiesta una natural oposición a los padres y a lo que éstos piensan.En algunos casos, se rechaza por completo la figura materna o paterna, tendiéndose sobre todo a lo que es contrapuesto a ellos y a lo que representan. Pero en estos casos más excepcionales suelen existir conflictos psicológicos de cierta relevancia en los hijos o en los padres.

En líneas generales, el ejemplo que los padres vienen demostrando en el día a día va a ser muy útil para la prevención de la drogadicción en los hijos.

El ejemplo adecuado, en este caso, gira alrededor de todo aquello que se contrapone al abuso de estas sustancias. A modo de ejemplos, citaré a continuación algunos de los comportamientos que a este fin son más relevantes. Este es el caso del valor del esfuerzo personal, del autocontrol, del respeto por uno mismo y por los demás, la constancia y la voluntad como herramientas al servicio de los logros personales, el sentido del sufrimiento, la capacidad para no renunciar por pura comodidad, el interés del trabajo y la cultura, la lealtad a los seres queridos, las obligaciones personales desde el punto de vista social, el sentido de la responsabilidad, los valores espirituales, el afán de superación personal, el proyecto personal como sentido de la vida, etc.

Los valores anteriores y los comportamientos en que aquellos van encarnados contribuyen a educar a los hijos en contra del uso de las drogas, especialmente si se muestran con un ejemplo coherente y realista en el comportamiento de los padres. Sin embargo, se tornan inútiles o no sirven de casi nada cuando devienen en sólo quimeras, prontas y fáciles para el consejo pero que con frecuencia no se practican.

Un clima de adecuada confianza, que nos permita establecer con nuestros hijos una comunicación abierta, amplia y sincera, es también un importante objetivo para lograr prevenir la drogodependencia. Para lograr este clima es necesario mantener hacia los hijos una actitud respetuosa, de manera que no se suscite en ellos un excesivo y egoísta afán por la crítica familiar o el afán de protagonismo.

 

Tolerancia y confianza

 

Es importante ser tolerante en todas aquellas cuestiones que realmente no tengan verdadera importancia, ya que de otro modo podemos caer en el error de estar haciendo a nuestros hijos continuos reproches, lo cual termina por arrebatarnos la confianza.

"Hablar con los padres" no puede terminar convirtiéndose en algo no gratificante y que, por tanto, se tienda a evitar. Si así ocurriera, se hubiese perdido la más importante condición para influir sobre los hijos: la confianza; una condición que justamente resulta imprescindible para tratar de aquellos asuntos que, por ser especialmente relevantes e íntimos, exigen su presencia.

En este sentido, conviene destacar que se ha comprobado, desde el punto de vista de la educación, cómo el insistir en calificar negativamente a los hijos es particularmente contraproducente, ya que pueden asumir estos calificativos como algo propio de su personalidad e identificarse con ellos. Por eso resulta más conveniente orientarles hacia lo que deseamos que sean, tratándolos como si realmente fuesen así, tal y como deseamos, ya que entonces pueden asumir estos valores como algo que realmente pertenece a su personalidad, sirviéndoles a la vez de guía y estímulo.

En este sentido, es necesario tratar a los hijos, más que como son, como realmente deseamos que sean --aunque sin exageraciones--, ya que de este modo resulta más fácil que lo legremos y además mejoraremos nuestra comunicación con ellos.

Se ha comprobado también cómo en la educación resultan más eficaces los premios que los castigos a la hora de intentar reforzar un comportamiento determinado. Cuando se refiere a premios o castigos, no lo hacemos respecto de cuestiones puramente materiales, sino a los que suelen ser más accesibles e importantes para ellos: a los premios y castigos afectivos y efectivos.

Es mejor premiar que castigar. Decirle a un hijo que está bien algo que ha hecho o que lo queremos especialmente por alguna cuestión particular, puede ser muy eficaz a la hora de que éste desarrolle su futuro comportamiento en esta misma dirección. Sin embargo, adoptar ante el esfuerzo del hijo una postura rígida y de escasa valoración con fraces tan comunes como: "Eso es lo normal" o "eso no es más que cumplir con tu obligación", etc., puede desalentar al hijo en su esfuerzo personal, llevándole a un cambio de actitud o incluso a un erróneo desarrollo de su personalidad.

 

Factores familiares que predisponen al consumo de las drogas

 

Por otra parte, es importante destacar el hecho de que algunos factores familiares predisponen, directa o indirectamente a la drogadicción. Entre estos cabe destacar el excesivo proteccionismo, la falta de dedicación y del suficiente tiempo por parte de los padres, los malos tratos, las separaciones y divorcios, un afán familiar por lograr dinero o éxitos por procedimientos demasiado fáciles, el afán de los juegos de azar, un ambiente marcadamente hedonista, los padres alcohólicos o con otras drogodependencias, el desinterés familiar por la cultura, la ausencia en los padres de prácticas religiosas y la desadaptación social de la familia.

Los hermanos y otros familiares menos próximos como, por ejemplo, los primos, también pueden jugar un papel importante a la hora de facilitar o dificultar el abuso de las drogas de alguno de los hijos.

Especialmente los hermanos mayores pueden constituir, al igual que los padres, un modelo de identidad a imitar por parte de los hermanos menores, en particular, los del mismo sexo.

Tener un hijo mayor drogadicto o un familiar próximo puede favorecer el que los otros hijos terminen cayendo también en la trampa de las drogas, debido a este proceso de imitación, o bien por inducción directa a través de este hermano o familiar.

Los padres deben estar alerta en estos casos para evitar que se pueda producir este posible influjo negativo. Sin embargo, en otros casos sucede precisamente lo contrario, y es algo que cada vez se observa con mayor frecuencia.

Debido al enorme desarrollo que el consumo de drogas ha tenido entre los jóvenes durante las dos últimas décadas, es muy frecuente que el proceso destructivo de las drogas haya sido observado por los hermanos menores en toda su plenitud.

Esto les ha servido a muchos para comprobar, casi "en su propia piel", cuál es a medio y largo plazo el resultado de la drogodependencia, especialmente en lo que se refiere a sus repercusiones sobre la salud, el ambiente familiar y la actividad sociolaboral.

El ejemplo sirve, precisamente aquí en algo de estos casos, para prevenir a los más jóvenes contra el abuso de las drogas, ya que no desean imitar esta trayectoria, poniéndose plenamente a resguardo de estas influencias y de las que pudiesen provenir de otras personas.

 

Factores socio-ambientales

 

Es cierto que muchos factores de tipo socio-ambiental pueden influir decisivamente favoreciendo la no drogadicción, aunque también es cierto que otros factores, como el tipo de amigos, acudir a locales públicos o a fiestas privadas donde se distribuyen drogas, por ejemplo, son circunstancias que agravan una problemática anterior más profunda.

No obstante, siempre resulta conveniente facilitar a los hijos ambientes en que no sea frecuente el consumo de drogas, aunque esto no es nada fácil. El tipo de colegio, el barrio, el lugar donde pasan las vacaciones o la actividad a la que se dedican durante el fin de semana constituyen elecciones en en las que está implicado de alguna manera el problema de las drogas.

Un aspecto de especial importancia es el de la distribución del tiempo de ocio. Facilitar las aficiones relacionadas con el deporte, el coleccionismo, las actividades religiosas, el aprendizaje de idiomas o cualquier otra faceta cultural, en ambientes o instituciones donde no es frecuente el consumo de drogas, sirven para hacer amigos menos predispuestos a su consumo y contribuyen a evitar que el ocio mal empleado facilite el camino a la drogadicción. Además, algunas actividades y objetivos de este tipo se contraponen psicológicamente a los que predisponen a las toxicomanías.

Otra cuestión en la que estos factores también pueden cobrar cierta importancia es la de los drogadictos que, habiendo pasado por un tratamiento de deshabituación, comienzan a tratar de reinsertarse en su vida habitual, con la intención de no volver a consumir ningún tipo de drogas.

En estos casos es frecuente que se vean acosados por amigos y por pequeños traficantes de drogas, que conociéndoles intentan convencerles para que vuelvan a consumir drogas. A veces, los amigos lo hacen por intentar que participen con ellos (es más grato tomar las drogas en forma compartida), o por simple derecho.

Los traficantes lo hacen por intentar no perder un cliente. En muchos casos, estas personas insisten con expresiones como "es sólo por una vez"o "por un día no te va a pasar nada", etc. Con argumentos como estos pueden iniciarse una recaída, a cuyo través se llegue a un verdadero "corredor sin retorno".

Otras veces se alegan la especial calidad de esa droga en concreto; muchos traficantes regalan a estas personas las primeras dosis, sabiendo que a poco que comiencen a consumir de nuevo esas drogas pronto vendrán a pedirles más, pero entonces tendrán que pagarlas y habrán recuperado a su cliente.

Esto debe tenerse en cuenta en la rehabilitación y prevención de las toxicomanías, ya que, en muchos casos, ésta es una de las principales causas del fracaso, a medio o largo plazo, en los intentos de abandonar el consumo de la droga.

 

Cómo ayudar a nuestros hijos a decir no a la droga

 

La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, cuya presidenta de honor es la Reina Doña Sofía de España, está realizando una importante campaña informativa de prevención para paliar los efectos devastadores de las drogas entre la juventud. Extractamos en este cuadro un folleto dirigido a los padres.

 

Los padres deben procurar:

 

  • Ser un ejemplo de actuación para los hijos de la familia, cumpliendo las normas que les pedimos a ellos.
  • Mantener un clima de diálogo y comunicación en la familia.
  • No invadir su intimidad, no registrar sus pertenencias, no prejuzgar sus actitudes.
  • Promover la autonomía y responsabilidad personal de los hijos.
  • Hábitos adecuados en la familia: Higiene, alimentación, horarios, disciplina, hábitos de estudio, etc.
  • Promover y planificar el tiempo de ocio, para que resulte gratificante y satisfactorio.
  • Conocer y relacionarse con los amigos de los hijos. Estar alerta en los momentos difíciles por los que se puede pasar. Fracaso escolar, problemas familiares, etc.
  • En caso de duda, consulte con educadores, profesionales, asociaciones, etc.

 

 

1. Detección precoz

 

Cuanto antes actúe en un problema de consumo de drogas, mejor. Tener presentes aquellas situaciones difíciles que, en ocasiones, podrían conducir o indicar el consumo:

 

  • Fracaso escolar o desinterés por los estudios.
  • Ausencias repentinas de casa.
  • Cambios bruscos de comportamiento.
  • Aumento excesivo de necesidades económicas.
  • Conflictos de relación con la familia o los amigos.
  • Desaparición de objetos o dinero.
  • Ruptura de la familia.

 

Hay que tener siempre en cuenta que una sola situación no significa un problema de consumo de drogas. Es la acumulación de varias lo que puede resultar significativo.

 

2. Apoyo en el tratamiento

 

  • No es un problema de culpas, es un problema de drogas, luche contra el problema no contra usted, su familia o su hijo.
  • Elija el centro de tratamiento asesorado por expertos, no todos sirven para todo.
  • Establezca una estrecha colaboración con el centro de tratamiento, usted es parte del tratamiento.
  • Considere la posibilidad de que se produzcan recaídas, hay que saber valorarlas y superarlas.
  • Intente encontrar grupos de padres que tienen o han tenido problemas similares, puede ser una gran ayuda.

 

 

Artículo del Dr. A. Polaino-Lorente
Fuente : http://www.vidahumana.org/vidafam/alcohol/evitar.html

 

El Dr. A. Polaino-Lorente es Catedrático de Sicopatología de la Universidad Complutense de Madrid. (Mundo Cristiano, septiembre de 1992).