Defensa de la niñez
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{mosimage}Que bueno fuera que para las navidades, los grupos de amigos de las zonas de nivel B de Carabayllo se unieran e hicieran lo que hace Julio Arroyo, Elizabeth Salazar nos narra su historia. 

Una película navideña transformó la vida de Julio Arroyo, padre soltero e ingeniero de sistemas de 38 años que vive en San Martín de Porres. Solo era un sueño que debía cumplir para su hijo y que hoy lo ha sumergido en una titánica tarea que se repite anualmente a cambio de sonrisas.

El filme "Santa Cláusula" lo animó a vestir el traje rojo y a sorprender a su pequeño Brian la Navidad del 2003, repartiendo regalos a él y a sus cuatro amiguitos. El pequeño no dejaba de mirarlo de reojo. Quería acercarse, se la hacía conocido. "¿Eres mi papá?", le decía. Todos los vecinos guardaron el secreto.
El impacto que le causó esta experiencia fue tan fuerte que Julio volvió a repetirla el siguiente año (con un poco más de regalos comprados de su propio dinero), pero ahora entre algunos niños del asentamiento humano Infantas, también en San Martín de Porres.

Para este año Julio ha engordado un poco más. Sus mejillas están más briosas. Es jueves y ya comienza su transformación. Eran las 9 p.m. cuando en una peluquería vecina (de ladrillos y cortinas improvisadas) la pasta azul de amoníaco comenzó a teñir su negra cabellera que la dejó crecer para lograr un mayor parecido con el personaje.

Ya está todo listo para el domingo 24, día de la repartición de regalos. Una docena de amigos, un grupo de familiares y los 1,200 regalos que consiguieron apiñaban el camión prestado. Brian ya sabe que su papá es Santa, y ahora a sus 8 años se ha convertido en su duende asistente.

Este año el lugar elegido es el asentamiento San Benito, en Lomas de Carabayllo en Lima Norte. Luego de subir una trocha polvorienta y torcida llegamos al lugar. El sudor y el cansancio serían parte de la rutina de este entusiasta Papá Noel.

"Llegó Navidad", decían los niños apenas se estacionó el camión. Pequeños como José, de 9 años, corrían con sus hermanos cargados en la espalda, detrás del "trineo de la felicidad" en que se había convertido el grupo liderado por Julio.

No pertenecen a ninguna asociación, parroquia o grupo social, solo son personas que ayudan dentro de su pobreza. Entonces supe que existían, y es casi seguro de que usted también conoce alguno.

El clásico personaje nórdico ha pasado a ser una imagen de las ventas navideñas. Pero aún hay quienes visten el traje rojo para hacer actos anónimos y llenos de caridad.


Fuente: El Comercio
Extraido del artículo de Elizabeth Salazar Vega