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Las enseñanzas derivadas de Carabayllo: Tomar decisiones difíciles en la lucha contra la tuberculosis

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim abraza a su ex paciente, Melquíades Huaya Oré, en la sesión plenario de las Reuniones Anuales del Banco Mundial en Lima, Perú, el pasado otoño. 

La pobreza y la tuberculosis multirresistente condenaban a Melquíades Huaya Oré a una muerte segura.

En 1993, él tenía 17 años y estaba tan delgado que los médicos podían rodear los brazos del joven con la circunferencia que formaban algunos de sus dedos; la piel de Melquíades estaba tan tensamente estirada que se podían ver sus costillas y otros huesos. Todas las probabilidades estaban en su contra y él hubiera sido otro número en las estadísticas de la tuberculosis, una importante amenaza para la salud pública, que causa la muerte de 4000 personas diariamente.

En el mundo, unos 9,6 millones de habitantes contrajeron la enfermedad en 2014, de los cuales 1 millón fueron niños. Según las últimas estadísticas sanitarias mundiales, 1,5 millones de enfermos fallecieron en dicho año.

Melquíades sufría el tipo más grave de tuberculosis; aquel que es resistente incluso a los medicamentos más poderosos y eficaces. Él estaba tan enfermo que hasta sentía dolor al tragar los remedios.

En ese tiempo Melquíades vivía en Carabayllo, una comunidad muy pobre distante 32 kilómetros de Lima, en Perú. Un pequeño y decidido grupo de médicos, enfermeros y personal sanitario de la comunidad, que incluía al actual presidente del Grupo Banco Mundial, el Dr. Jim Yong Kim, ayudó a crear una organización no gubernamental (ONG) llamada Socios en Salud.

Ellos descubrieron en Carabayllo un número alarmante de pacientes como Melquíades, que padecían tuberculosis multirresistente, y que no solo corrían el peligro de morir, sino que también estaban infectando a sus familiares y vecinos.

Para detener esta enfermedad letal y salvar la vida de personas como Melquíades, los doctores Kim, Paul Farmer y Jaime Bayona dieron a conocer sus conclusiones al Ministerio de Salud del Perú y la Organización Mundial de la Salud. Estas instituciones les aconsejaron que no encararan dicha enfermedad, plantearon que los medicamentos eran demasiado costosos y que el tratamiento de la tuberculosis farmacorresistente constituiría una distracción del enfoque en el tratamiento de la tuberculosis común.

De hecho, el Gobierno amenazó al Dr. Kim y sus colegas con expulsarlos del país si trataban incluso a un solo paciente.

Presidente Jim Kim habla sobre los desafíos en el combate a la pobreza y presenta el caso de Melquiades

Si avanzamos rápidamente en el tiempo, en 2015 la presencia de Melquíades Huaya Oré provocó lágrimas discretas en los ojos de las mujeres y los hombres que representaban a los Gobiernos y las economías de todo el mundo.

Él estaba de pie entre ellos, vestido con un traje nuevo, y recibiendo una ovación. Sonrió, dio las gracias y saludó con la mano. Fotos gigantescas de su torso antes demacrado se proyectaron en las grandes pantallas que colgaban sobre las paredes de un salón de baile del tamaño de una cancha de fútbol, en uno de los centros de convenciones más elegantes de América del Sur.

Melquíades se había salvado. En vez de convertirse en una estadística más relacionada con la tuberculosis y la pobreza, él se graduó como contador, a veces juega fútbol, y aún vive en Carabayllo, que hoy muestra una mayor prosperidad.

Él hizo realidad sus sueños, un derecho que cada persona debería tener.

Melquíades y otros pacientes están vivos gracias a la determinación de hacer lo correcto, explicó el Dr. Kim, agregando que, a pesar de sus temores de ser expulsados del Perú, pusieron a valientes trabajadores de la salud a monitorear y apoyar a sus pacientes, bajo la supervisión del Dr. Bayona. Esa labor redundó en tasas de curación de más del 80 % en el caso de los primeros 50 pacientes, superiores a las registradas en muchos de los mejores hospitales de Estados Unidos.

Los resultados llevaron a la Organización Mundial de la Salud y al Gobierno peruano a modificar sus políticas, y a recomendar el tratamiento de las personas con tuberculosis multirresistente, independientemente del costo involucrado y sin importar dónde vivieran las personas, ni si eran ricas o pobres.

Hoy en día, la tuberculosis sigue siendo la enfermedad infecciosa prevenible más mortal del planeta, y la comunidad mundial se ha comprometido a erradicarla antes de 2030.

Pero las dificultades surgidas de una desaceleración económica mundial podrían hacer olvidar las lecciones aprendidas con Melquíades y otros en Carabayllo.

En un discurso pronunciado durante las Reuniones Anuales 2015 en Lima, Kim resumió lo que había aprendido acerca de la lucha contra la tuberculosis, la pobreza y el subdesarrollo.

Primero, escuchar las aspiraciones de los pobres y elevar las propias para atenderlas. Y segundo, no tener miedo de tomar esa decisión difícil y hacer lo que hay que hacer, aunque nadie nos acompañe en el empeño.

Kim, un apasionado de la lucha contra la pobreza, agregó que: “Son épocas difíciles para el mundo. Ahora los Gobiernos deben tomar decisiones arduas para que las economías de sus países crezcan de una manera que ayude a los más pobres. Pero con cada reforma que emprendamos, con cada camino que construyamos, con cada centro de salud que apoyemos, pensemos en los millones, incluso miles de millones, de personas que, como Melquíades, solo quieren tener la oportunidad de vivir y tratar de hacer realidad sus sueños. Juntos, debemos hacer todo lo posible para que cada persona en esta Tierra pueda llevar una vida más digna, saludable y próspera”.

Artículo de Carlos Ferreyra publicado en el Blog del Banco Mundial