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{mosimage}Una chica de Carabayllo, su nombre es Suly Grimaldo Cajaleón, tiene 24 años y hace poco fue elegida Presidenta del Comité Continental de la Juventud Trabajadora de América Latina y el Caribe incluyendo Canadá y EE.UU, es además Secretaria Nacional de Juventudes de la Central Única de Trabajadores, es obrera del taller Cárter Motors y estudia mecánica de motores en el SENATI. Este es el extracto de una entrevista que brindo al Diario El Comercio:

Como presidenta de este gremio internacional de jóvenes trabajadores, su prioridad será luchar por un trabajo decente. ¿Qué es un trabajo decente?
Según las nociones de la OIT --de las cuales yo he aprendido--, aquel que ha sido libremente escogido, y que además es justamente remunerado y que ofrece seguridad social.

La jornada de ocho horas de trabajo es una gran mentira, ¿no?
Normalmente son 12 y hasta 14 horas de trabajo en los supermercados, igual que en el caso de los representantes comerciales de Telefónica.

Entonces, su misión es imposible.
Nosotros estamos formando el Sindicato de la Juventud Trabajadora. Aparte existen los espacios que ofrece el Gobierno, como el Consejo Nacional del Trabajo (que reúne a empleadores, trabajadores y Gobierno), al que también asisto, aunque ahora se encuentra suspendido... Sí, es difícil, ¡pero nada es imposible! Por eso trabajamos en la formación del Sindicato de la Juventud Trabajadora, estamos en plena convocatoria. Vamos a buscar un espacio para impulsar políticas públicas en favor del empleo decente, de los jóvenes...

Suena bien. ¿Qué tan real es?
Lo que hasta ahora hemos hecho es un gran logro, porque, para empezar: cada vez que un sindicato organiza sus asambleas o que se reúne su consejo directivo, no permite el ingreso de mujeres ni jóvenes; y no porque no quiera, sino porque según los estatutos de todo sindicato: solo participan el secretario general, el secretario de organización y el secretario de defensa. Entonces, nunca va a haber mujeres --porque son poquitas las secretarias generales-- ni jóvenes, porque yo soy secretaria nacional de juventudes de la CUT, pero no puedo participar. Entonces, ¿qué es lo primero que hemos hecho? A través de organizaciones como la Conades (Conferencia Nacional Sobre Desarrollo Social), hemos contactado con jóvenes sindicalistas de provincia, jóvenes trabajadores de Loreto, Piura, Ayacucho, Huancayo, para tener una secretaría general que nos otorgue el derecho a hablar al interior de una directiva de sindicalistas que, en su mayoría, está integrada por adultos que vienen de años y años. ¡Por eso este es un gran paso! Después de año y medio en la CUT me di cuenta de que teníamos que formar este sindicato (de la Juventud Trabajadora), y ahora venimos realizando alianzas con diferentes organizaciones sociales, pero, por si acaso, no tenemos nada que ver con ningún partido político.

¿Las marchas son la solución?
¡Siempre! Nosotros estamos en todo lo que sea lucha popular.

¿Pero está ahí la solución?
Definitivamente, la lucha popular es la que hace el cambio, y las marchas son una forma de presionar al que esté actuando mal.

Pero con las marchas también afectan a cientos de personas.
¿Te refieres a la población? Lo que pasa es que la gente está poco informada y le importa poco lo que pasa en el país.

Durante los primeros años del gobierno de Toledo y a consecuencia de las continuas marchas que llegaban a la Plaza de Armas, muchos negocios cerraron, mucha gente perdió su empleo. ¿Fue justo?
Pero entonces, ¿cómo exigimos?

Es contradictorio: quienes exigían reposición laboral terminaron dejando sin empleo a otros.
Las marchas son algo tradicional, y han traído resultados.

Le hablo de quienes perdieron sus empleos por las marchas. Debido a hechos como ese, los gremios parecen ser solo grupos que protestan sin ofrecer salidas.
Sí. Normalmente es así.

Desde su cargo actual, ¿cómo piensa revertir esta imagen?
Los espacios de diálogo serán importantes. Apuntamos a la reforma sindical y a la renovación de cuadros.

Cómo: el Sutep se niega a los concursos como mecanismo para otorgar aumentos salariales, los de construcción civil tienen imagen de vándalos...
De repente, más que en las marchas, deberíamos trabajar en formación.

Hacer una reingeniería.
En eso estamos, ¡lo que pasa es que es bien difícil!

¿Cuál es la dificultad?
Ellos (los sindicalistas adultos) piensan que nosotros carecemos de buenas propuestas, esa es siempre nuestra discusión. Solo contamos con el apoyo de las mujeres. Yo soy la única joven ahí (como secretaria nacional de juventudes), y cuando quiero presentar un informe, me dicen: eso lo podemos ver en otra oportunidad; y pasan a otro tema.

O sea, la CUT es tan antidemocrática como el común de partidos políticos.
Exactamente, pero la gran diferencia de la CUT --con otras centrales sindicales-- es que además de trabajar con el sector público y privado, lo hace con el sector informal.

¿Qué diferencia hay entre el sindicalista tradicional y el joven sindicalista?
La comunicación. Nosotros bajamos a las bases, hemos ido a los sindicatos para conversar con sus dirigentes, saber cuántos jóvenes tienen. Pero a veces no nos escuchan.

No escuchan, pero sí quieren ser escuchados.
Nosotros queremos hacer el cambio, hacer realidad eso que dice el plan de la CUT: fortalecer la participación de los jóvenes en instancias sindicales.

En el taller de mecánica en el que trabaja, ¿cómo manifiesta su rollo sindical?
Hablo con los obreros, pero como en su mayoría son adultos, más están preocupados en ganar la platita para el diario.

Es común, ¿no? Conforme se asumen mayores compromisos, muchos comienzan a preocuparse más por asegurarse en su puesto de trabajo.
Es que es difícil ganarse la plata, y hay muchos rivales, pese a que donde yo trabajo no hay seguridad social ni gratificación ni vacaciones.

¿A la presidenta de un gremio continental no le respetan sus derechos?
¡Imagínate!

¿Es consciente de que por sus declaraciones se va a meter en problemas tanto en la CUT como en su centro de labores?
¡Ellos saben cómo pienso!

¿De dónde le viene? ¿Sus padres también son sindicalistas?
No. Yo vengo de una asociación de discapacitados que formamos en Carabayllo porque el alcalde (de entonces), Guillermo Tapia, era un desgraciado. Nunca nos hizo caso.

¿Qué lograron?
La donación de sillas de ruedas: la mayoría las necesitaba. Así conocí el Sindicato de Discapacitados de la CUT, que el Ministerio de Trabajo no quiere reconocer.

Usted tiene polio.
No. Al nacer, me zafaron el fémur de la cadera, y como mi papá no quiso que me operaran, me quedé así.

¿Dónde le gustaría trabajar?
Hace un tiempo fui a la Caterpillar (a una empresa especializada en motores de esa marca) y me dijeron: aquí no queremos mujeres, ¡vaya a cocinar! Ni siquiera me dejaron pasar. Nunca más voy a buscar trabajo en una empresa grande, pensé, pero eso fue hace tres años... Mi anhelo es trabajar en la Volvo.

Fuente: Diario El Comercio